Un 15% de la población mundial padece migraña. Los expertos afirman que es una enfermedad cerebral genética, irreversible, y de origen no suficientemente aclarado. Para aliviar el sufrimiento y la invalidez, proponen llevar una vida ordenada, identificar y evitar los desencadenantes y ponerse en manos de un neurólogo, que prescribirá calmantes y, en ocasiones, un tratamiento preventivo.
El neurólogo Arturo Goicoechea expone una hipótesis novedosa y contrapuesta, basada en investigaciones en Neurociencia y Biología: la migraña no se transmite por los genes, sino que es la consecuencia del aprendizaje del Sistema Neuroinmune. Y si se aprende, se puede desaprender. No es una terapia alternativa, sino una alternativa a las terapias. Muchos padecientes de migraña y otros dolores crónicos se han beneficiado ya de este enfoque.
El autor anima a conocer la propuesta de Know pain, no pain, que es biológicamente correcta -y políticamente incorrecta-: entender el dolor pone en camino de librarse de él. No es necesariamente fácil de aplicar, pero es simple: la migraña y otros dolores crónicos ocurren en un organismo completamente sano que el propio organismo protege de forma descabellada.